lunes, 1 de abril de 2013

Mi última voluntad



Si algún día la montaña me reclama quiero que me dejes allá. No quiero que me encierren en un cementerio cristiano, no podría estar en un peor lugar pues no me interesan ni el cielo ni el infierno. Ambos me parecen una maldita condena.

Que sirva para algo al menos después de muerto, que los elementos que algún día formaron parte de lo que fui circulen libres por la naturaleza. Que el calcio de mis huesos fertilice la tierra y que el hierro de mi sangre oxide las piedras. Creo que tiene más dignidad ser devorado por los depredadores del bosque que convertirse en pasto de gusanos.

No quiero que me lleven flores, quiero que un bosque crezca sobre lo que fui.

¿Acaso necesitas recordarme? siembra un árbol y ponle mi nombre. Enséñale a las niñas a cuidarlo y a quererlo. Mientras lo ven crecer cuéntales mi historia y cuando te pregunten: ¿Cómo murió mi papá? ¿Cómo murió mi tío? d
iles que no pude quedarme, como tantos, muerto en vida. Conectado a un televisor y teniendo miedo de salir a la calle.

Diles que morí viviendo.